Remesas familiares: ¿impacto real en las economías?

Son diversos los factores que influyen en las economías a nivel mundial. A veces sucede que, por cotidianos, no somos capaces de identificar como tal aquellos que tenemos al alcance. Un ejemplo claro de esto son las remesas familiares, en otras palabras, aquellos ingresos que se reciben provenientes de familiares que se encuentran en el extranjero.

Aunque no lo parezca, en todo el mundo existen más de 200 millones de personas enviando remesas a sus países de origen. Ya sea por motivos económicos, políticos o sociales, muchas personas migran hacia otros territorios y se convierten en los emisores de dichas transferencias financieras. La región de Latinoamérica y el Caribe es una de las que más recibe estos beneficios. En los últimos años se ha apreciado un incremento en esta área, llegando a alcanzar una cifra superior a los 93.000 millones de dólares en 2019, de acuerdo con datos del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA).

¿Qué países constituyen los principales destinatarios de remesas en la región?

Según varios medios de prensa, México lidera esta lista desde algún tiempo, llegando a alcanzar el pasado año los 36.000 millones de dólares. Le siguen Guatemala (aproximadamente 10.500 millones de dólares) y República Dominicana (poco más de 7.000 millones de dólares). Completando este ordenamiento están Colombia, El Salvador y Honduras.

Sin embargo, una comparación con datos históricos propios muestra una reorganización diferente. El país con el mayor incremento de remesas familiares fue Colombia, aumentando en un 16% aproximadamente con respecto al año anterior. Le seguirían Guatemala (13%), México (11%), República Dominicana y Honduras (10% ambos) y Ecuador (8%).

¿Cuáles son los principales países emisores de estas remesas?

Una cantidad considerable de migrantes procedentes de esta región se dirigen a los Estados Unidos; de ahí que sea lógico que este país sea el mayor generador de dichas remesas. Asimismo, algunos países de Europa también contribuyen, fundamentalmente España.

Debido a una gran migración intrarregional, América del Sur también puede considerarse un emisor relevante de estas remesas; en ese sentido, algunos de los destacados serían Chile y Ecuador. Igualmente, Colombia es susceptible a considerarse dentro de este grupo, pero pudiera ser engañoso ya que este país también es utilizado como puente para hacer llegar las remesas a otras naciones a las que se limita el envío directo, como su vecino Venezuela.

¿Qué implicaciones revisten estas remesas en las economías?

Las implicaciones de las remesas familiares en las distintas economías de la región son muy variable. Tomando de ejemplo al propio México como principal receptor de la región y con un aumento considerable de las remesas en comparación con el año anterior, estas solo representan un 2% de su Producto Interno Bruto (PIB). Por el contrario, para otros países como Haití, las remesas llegan a significar hasta el 30% de su PIB.

Indiscutiblemente, el fortalecimiento económico de los países emisores es el condicionante fundamental del crecimiento de las remesas. Sin embargo, los reportes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sostienen que, a pesar de que las remesas representan un beneficio para los hogares que las reciben, no contribuyen de manera decisiva a reducir los niveles de pobreza. No obstante, si no existieran las remesas, la situación de pobreza crecería un poco más.

¿Qué métodos se emplean para el envío de las remesas?

Los datos que se manejan por las organizaciones competentes para el análisis de las remesas se basan en aquellas que se realizan a través de métodos constatables. En este sentido, se tienen las transferencias por medio de bancos, que suelen tener altos costos de envío. También están las realizadas por correo postal, cuyo costo es un poco menor al anterior. Gracias al desarrollo de las tecnologías y el Internet va tomando auge el empleo de vías alternativas más baratas, como aplicaciones, monedas virtuales y blockchain.

Sin embargo, se conoce que estas no son las únicas formas de envío de remesas. Otras, implican métodos que no pueden ser contabilizados. Por ejemplo, el efectivo dado a viajeros que los entregan directamente; el depósito en cuentas en el exterior de terceras personas que se encargan entonces de entregar el cambio al familiar; los envíos en especie, cuya comercialización posterior se revierte en el ingreso monetario, entre otras tan diversas como la realidad posibilite.

Como parte de los objetivos de la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible, se ha planteado como meta la reducción al 3% del costo del envío de remesas. Aunque este panorama se aprecia aún muy lejano, el hecho de establecerlo como intención reafirma el reconocimiento de la importancia que revisten las remesas para millones de hogares en todo el mundo. Tanto es así, que autoridades de esta organización afirman que las remesas superan la inversión extranjera directa y los fondos destinados a la asistencia oficial para el desarrollo. Sin dudas, son datos innegables que no pueden desestimarse.

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