El coste real de un pago internacional: las comisiones que no siempre ves

Una empresa necesita pagar 10.000 € a un proveedor en otro país. Revisa la comisión de la transferencia, autoriza la operación y da por hecho que ya conoce cuánto le ha costado realizar el pago.

Pero en un pago internacional, el coste no siempre se limita a la comisión que aparece al iniciar la transferencia. Dependiendo del destino, las monedas involucradas y el recorrido que siga el dinero, pueden intervenir conversiones de divisa, entidades intermediarias o gastos aplicados por el banco receptor.

Por eso, para una empresa que realiza pagos internacionales de manera habitual, entender cuánto cuesta realmente mover el dinero es también una cuestión de planificación financiera.

La comisión de envío es solo el punto de partida

Es probablemente el coste más fácil de identificar.

Cuando ordenas una transferencia, tu banco o proveedor financiero puede cobrar una comisión por procesarla. Dependiendo del servicio, puede tratarse de una cantidad fija, un porcentaje del importe enviado o una combinación de ambos.

Como este coste suele mostrarse antes de confirmar la operación, es también el que tendemos a utilizar cuando queremos saber cuánto nos cuesta realizar un pago, pero no siempre es el único. Para conocer el coste real hay que mirar qué ocurre después de que el dinero sale de la cuenta.

Los intermediarios: cuando el dinero no viaja directamente de un banco a otro

Una transferencia internacional no siempre conecta directamente la entidad del pagador con la del beneficiario. En determinadas operaciones pueden participar uno o varios bancos corresponsales que permiten conectar entidades financieras que no mantienen una relación directa entre sí.

Cada intermediario que participa en ese recorrido puede aplicar sus propios cargos por procesar la operación. Dependiendo de cómo se haya configurado el pago, esos costes pueden repercutirse al ordenante o descontarse del importe que finalmente llega al beneficiario.

Esto explica una situación que resulta desconcertante para muchas empresas:

haber enviado correctamente el importe de una factura no garantiza, por sí solo, que el beneficiario reciba exactamente esa cantidad.

Imagina que debes pagar una factura de 10.000 € a un proveedor extranjero. Ordenas la transferencia por los 10.000 €, pero durante el recorrido interviene una entidad corresponsal que descuenta determinados gastos.

El proveedor podría recibir un importe inferior y considerar que la factura sigue teniendo un saldo pendiente.

No significa necesariamente que se haya producido un error. Puede ser consecuencia de cómo se distribuyeron los gastos asociados a la transferencia.

OUR, SHA y BEN: ¿quién paga las comisiones?

En algunas transferencias internacionales encontrarás tres términos que ayudan a definir cómo se reparten determinados gastos bancarios: OUR, SHA y BEN.

OUR: los gastos los asume el ordenante

El pagador asume los gastos asociados según las condiciones de la transferencia.

Esta modalidad puede resultar útil cuando existe un importe concreto que el beneficiario debe recibir y el ordenante quiere asumir los costes de la operación.

Por ejemplo, si una empresa debe liquidar una factura internacional por un importe exacto, puede ser importante conocer de antemano cómo se gestionarán las comisiones para evitar que determinados cargos reduzcan la cantidad recibida.

SHA: los gastos se comparten

Cada parte asume los gastos que le correspondan según su entidad y el recorrido del pago.

El ordenante paga los costes aplicados por su entidad y el beneficiario puede asumir otros cargos asociados a la recepción o al procesamiento posterior de la transferencia.

Por eso, el importe final recibido puede diferir del importe inicialmente enviado.

BEN: los gastos los asume el beneficiario

Los gastos asociados al pago se descuentan del importe enviado y recaen sobre el beneficiario.

Si se ordena una transferencia por 10.000 €, por ejemplo, el destinatario podría recibir una cantidad inferior después de aplicar los gastos correspondientes.

Entender estas tres modalidades es especialmente importante cuando una factura exige que el proveedor reciba una cantidad determinada.

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El tipo de cambio también tiene un coste

No todas las comisiones aparecen identificadas como “comisión”.

Cuando el dinero sale en una moneda y el beneficiario debe recibirlo en otra, entra en juego la conversión de divisas.

Y aquí hay dos conceptos que conviene diferenciar:

Tipo de cambio de referencia: sirve como punto de comparación para conocer el valor relativo entre dos monedas.

Tipo de cambio aplicado: es la tasa que realmente se utiliza para realizar la conversión de tu operación.

La diferencia entre ambos puede afectar directamente al coste final del pago.

Por ejemplo, una empresa puede enviar euros para pagar una factura denominada en dólares. Aunque la comisión explícita de la transferencia parezca pequeña, el resultado de la conversión determinará cuántos dólares recibe finalmente el proveedor.

Por eso, cuando existe cambio de divisa, preguntar únicamente “¿cuál es la comisión?” ofrece una visión incompleta.

También hay que preguntar:

¿Qué tipo de cambio se aplicará y cuánto recibirá finalmente el beneficiario?

El banco receptor también puede aplicar cargos

El recorrido no necesariamente termina cuando los fondos llegan al banco del beneficiario.

Dependiendo de la entidad, del país y del tipo de transferencia, el banco receptor puede aplicar sus propios cargos por recibir o procesar el pago.

Esto introduce otra variable que el ordenante no siempre controla directamente.

Si trabajas regularmente con el mismo proveedor internacional, merece la pena acordar desde el principio no solo el importe de las facturas, sino también quién asume los posibles gastos bancarios asociados al pago.

Ese pequeño detalle puede evitar diferencias, reclamaciones y ajustes posteriores.

Cinco preguntas antes de confirmar un pago internacional

Antes de autorizar una operación, especialmente si se trata de un importe relevante, comprueba:

¿Cuál es la comisión por realizar la transferencia?

¿Habrá conversión de moneda y qué tipo de cambio se aplicará?

¿Pueden intervenir entidades corresponsales?

¿Cómo se distribuyen los gastos de la transferencia?

¿Cuál es el importe estimado que recibirá el beneficiario?

Esta revisión permite comparar proveedores y métodos de pago utilizando algo más útil que una simple comisión anunciada.

El coste más bajo no siempre es la comisión más baja

Una transferencia con una comisión inicial reducida no necesariamente termina siendo la opción más económica.

Si después existe una conversión de moneda menos favorable, aparecen gastos de intermediación o el proveedor recibe menos dinero y es necesario realizar una segunda transferencia para completar la factura, el coste real será diferente.

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Para una empresa que opera internacionalmente, la transparencia sobre el importe enviado, los costes y la cantidad que recibirá el beneficiario facilita la planificación de tesorería y reduce incidencias con proveedores.